El Contrapunto

  • El Yoga… seamos claros, mis lagunas acerca de este tema, disciplina o cualquiera que sea su prístina clasificación son, cuanto menos, titánicas.

    Es cierto que lo tengo muy cerca ahora, pero yo llevo pensando que sé lo que es el Yoga desde que mi madre se apuntó a Pilates, algo que hoy en día aún me cuesta diferenciar, incluso sabiendo las cuatro cosas que sé del mundo yóguico.

    Empezando por el principio, tengamos en cuenta el cambio de nombre cuando te haces profesor de Yoga ¿Qué problema hay en llamarse Antonio, José o Araceli?, pues sí, por lo visto no se puede uno convertir a la docencia de tan magna disciplina sin tener un nombre que te describa espiritualmente, algo que, además, te parte en dos personas, porque ni los mismos profesores se ponen de acuerdo a la hora de llamar a sus semejantes, no saben si Pepe o Kuljot, por lo tanto, si salimos de fiesta, lo que traducido al yoga sería cantar un mantra entre arboles y naturaleza, es fantástico porque…¡somos el doble de gente! Esto desde luego sí que puede ser bueno.

    Cierto día se me ocurrió preguntar de dónde salía el nombre espiritual y, cuál fue mi sorpresa, te lo mandan por internet, ¿quién?, nunca lo sabré, aunque intuyo que será un ente superior de gran sabiduría que, por supuesto, se ha puesto al día en las nuevas tecnologías.

    Siguiente tema, la alimentación; cuanto más conozco a gente que practica Yoga más me preocupa la tendencia que tienen a alimentarse de productos desconocidos. Más bien parece que si todo lo que comes parece normal, estás cometiendo un pecado, no obstante si añades algún condimento, especia, verdura o cereal raro ya estás dentro del grupo, es decir, no es lo mismo comerte un bocadillo de chorizo que comerte una rebanada de pan de cereales con algo de embutido y salsa de soja, nótese que seguimos comiendo chorizo, y si encima el pan es de cultivo ecológico la jugada es redonda.

  • Pudiera ser, bajo mi experiencia, que todo el campo fuera orégano, mejor libre de pesticidas, pero ¡no!, en realidad el 75% de los “yogueros vegetarianos” se mueren por un buen chuletón a puerta cerrada, “yogueros vegetarianos de palo” en definitiva.

    Convicciones a parte, sé que muchos de ellos son vegetarianos de verdad y siguen unos hábitos alimenticios muy respetables.

    Continuando con mi tema, yo siempre había relacionado el yoga con la tranquilidad y creo que es lo que quieren transmitir sus seguidores, pero nada más lejos; como buen crítico he ido y probado una clase de yoga y… he acabado sudando, algo que en mi vida habría pensado.

    Mi opinión general acerca de la clase fue que aproveché la mitad de la misma, debido a que me perdí en muchos momentos. Primero los cánticos en idiomas desconocidos, en los que aprovechaba para observar a mis compañeros, después con las órdenes que no entendía, tales como “aplicad mulband” o diferentes movimientos como el de “hacer ranas”; el colofón lo di cuando no saludé al Sol, yo creo que el Sol se cabreó por ello e hizo que las “ranas” fueran insufribles.

    Hay que decir que, aunque los cánticos puedan dar una imagen sectaria, son personas normales, lo son de verdad; yo en esas dos horas vi a los 4 chicos que había, hablando con la que

    fuese, vi a dos “marujas” pelearse por una esterilla, a mucho “enterao” haciéndose el listo y “liándola” y también vi como él mismo era cotilleo de otras “marujas”.

    Lo más “raro” fue el momento masajes-besos-abrazos de todos con todos aunque, supongo, cada uno ve diferentes puntos de vista de diferentes situaciones…

Pablo García Lumbreras
Restaurador de arte
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