El yoga, el camino hacía una misma

Soy practicante de Yoga desde hace 12 años, he profundizado en la técnica formándome como profesora de Kundalini Yoga y como profesora de Hatha Yoga Vinyasa. Estoy enamorada de la práctica, un amor que no decae con los años sino que se vuelve más profundo e inclusivo.

Para mi el yoga es el camino hacia una misma. El camino hacia esta desconocida que le toca convivir conmigo hasta que la muerte nos separe, mi alma.Ella lo sabe todo sin certezas, lo abraza todo sin conceptos.Es vida, es fluir, es amor, es locura.

miriamEl alma, algunos dicen Dios, es inabarcable e indefinible. Vivir en sus brazos es puro gozo, pero cuando le pierdo la pista sólo consigo ser la peor versión de mi misma. Acabo entre muros autoerigidos de miedo, dependencia, egocentrismo, inautenticidad, crítica. Pero ahí está mi práctica.La práctica es mi camino a casa. Lo que me permite acogerme a mí misma sin “peros” sin “espera…” sin “eso sí, eso no megusta”.Por supuesto es un camino que no se acaba.

 Caminando en compañía

Mejor así, porque es un camino que se disfruta, cada vez más. Como en la montaña, donde las vistas se van ampliando cuando subes en altura: cada vez se van ampliando las perspectivas y todo se vuelve más rico, más abundante… Al principio fue un poco duro, todo hay que decirlo. Que esta niña tenía mucha mala hostia. Y que me enfado, y que lloro, y que no puedo, y que quiero matar al profesor…

Ahora me río de todo eso que fue sacando, todos esos procesos… sé que volveré a enfadarme, volveré a llorar, pero que no será el fin del mundo, y menos del camino. Estos procesos también los vi en mis compañeros ¡cuánto han cambiado también ellos en su camino! Todos a nuestro ritmo, hemos ido soltando papeles caducados, fantasmas limitantes y máscaras de auto-proscripción…Aprendiendo a amarnos y a ayudarnos los unos a los otros. Amo este camino porque sé cómo desvela lo mejor de cada uno, lo más bello, despojándonos de lo prescindible aprendido… Es lo que me llevó a querer enseñar yoga.

 Caminando sin meta

Eso me pasó a mí, tanto quería, quería tanto, que me acababa castigando intentando forzar el camino…A veces, pero lo que pasa es que de tanto querer ser la mejor versión de uno mismo, uno se pierde en el proceso, frustrándose al tanto mirar la meta (ese “yo” perfecto… otra ilusión del camino) en vez de disfrutar el paisaje… Tuve que recordar (la vida me ayudó, que ella es muy lista): “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”

Tal vez por la misma razón que tuve que dejar de fumar al menos cinco veces para desarrollar tolerancia hacia los fumadores (¡es que no hay nada peor que un exfumador amargado!) tuve que ir y volver de la práctica a la vida y de la vida a la práctica, hasta desarrollar un cierto desapego tanto para la una como para la otra. Y así poder integrarlas.

Y la meta, ¿qué meta? Si lo que importa es el camino.

Como decía sin cesar mi profe Sindu en la India “En el momento que algo se convierta en obsesión, el propósito se ha perdido”. Ya no me obsesiono por el camino, confiando en que aparecerá la siguiente etapa cuando esté preparada para acogerla…

 Del cuerpo al alma

Con Sindu este año, estudié Hatha Yoga. No paraba de recordarnos que la obsesión por las asanas es algo típicamente occidental, y que realmente la meta final del yoga es espiritual, no física (eso pegándonos palizas de Surya Namiriam 2maskara que después de tres días casi no podíamos andar, claro). Se ve que dio resultado, porque cada vez mi práctica se orienta más en este sentido. Busco claridad, busco ecuanimidad, más que fuerza o flexibilidad (que vienen de todos modos si practicas regularmente).

Y claro que disfruto de sentirme fuerte y flexible. Y sí, me encanta sentir el trabajo físico de una kriya bien sentida o el baile poético de un bello vinyasa, y presenciar el fluir de la energía en mi organismo. Y no pasa un día sin que me maraville de esta tecnología tan accesible y polifacética que te permite refrescarte si tienes calor, calentarte si tienes frío, animarte si estás deprimido o relajarte si estás estresado, a veces en cuestión de segundos… no paro de admirar e indagar cómo funciona todo eso por dentro, el trabajo sobre los meridianos de energía, el efecto psicológico de la contracción o del estiramiento muscular y fascial… me apasiona.

Pero… pero lo que más valoro, es la paz mental -que no siempre me acompaña, a ver si alguien va a creer que me he iluminado…- y cada vez orbito más cerca de ella. Es la lucidez para con mis emociones: más aceptación, menos proyección. Es el coraje de amar aunque duela, porque es lo único que vale la pena. Es la fe en que el poder yace dentro de mí, aunque no es mío, sino parte y reflejo de un poder mucho más grande al cual sólo necesito entregarme. Es el saber que tengo los recursos para bailar con la vida, sea cual sea el ritmo que me marque ella. Eso, para mí, es yoga.

Myriam Lebourg

Acupuntora y Terapeuta de Medicina Tradicional China Profesora de Kundalini y Hatha Vinyasa yoga tradicional myriamliacupuntura@gmail.com

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *