La Menopausia, la muerte de la vieja percepción

Puede que fuera el recuerdo de mi abuela paterna, de negro, con cuatro pelos en la barbilla duros como cerdas, pinzas en una mano y abanico en la otra despotricando contra los calores del infierno. O el miedo a convertirme en un medio hombre, malhumorada todo el día, de avinagrado carácter… también en mi memoria selectiva estaba el perder la energía creativa y sexual, secarme cual suela de zapato abandonada en el desierto. Por no hablar de esa malograda expresión tan usada “con todo el cariño del mundartículo Ara 4o ” de “se te va a pasar el arroz”. Perdón: ¿En qué momento decidí aprender a cocinar?

En mi generación nadie nos hablo de las bendiciones de la menopausia, mas bien había un declarado menosprecio “no hay quien te aguante, estas menopausica”.

Todos estos temores y recuerdos quedaron almacenados en el baúl del bulbo raquídeo y olvidados para siempre jamás. Así que durante toda mi “edad fértil y productiva” ni caí en la cuenta de que “eso” me podía pasar. Mi mente anuló ese proceso por completo. De hecho cuando empecé con los primeros síntomas corría aterrorizada a la farmacia a por el test de embarazo. Me encontraba en una de las etapas más activas y satisfactorias, tanto personal como profesionalmente. Por primera vez me sentía muy a gusto en mi propia piel.

Cualquier sensación producida por este maravilloso proceso de cambio y despertar lo viví como pura alquimia. Me negué a leer nada que estuviera científicamente relacionado con el tema para no verme condicionada negativamente en el proceso. Así que decidí vivir de pleno esta etapa enriquecedora y que tanta claridad me ha aportado.

Podía sentir brutalmente la subida de la Kundalini. Tenía la certeza de estar a dos calles de la iluminación. No sólo en las meditaciones, también en diferentes momentos del día, el fuego electrizante del despertar recorría mi columna vertebral del sacro a la coronilla en un ardor sagrado, activando los chakras, sintiendo su ajuste diario. Durante la noche me despertaba con las manos y los pies en llamas. Aprovechaba todo ese calor para la imposición de manos a los peques o a mi pareja mientras dormían, de esa manera podía canalizar la catarata de energía compartiéndola con los demás.

Los sangrados torrenciales limpiaron mi organismo de toxinas. Me dejaron exhausta, débil, totalmente rendida al proceso. No me quedo más remedio que parar, admitir que no podía con todo y que no era perfecta. Tuve que pedir ayuda ¡qué liberación!

Claro que sudaba y sudo pero es maravilloso sentir el sistema linfático y la termorregulación a pleno rendimiento cuando llegan las sacudidas energéticas. Es muy interesante convertir el cuerpo en un laboratorio durante esta etapa y descubrir empíricamente los cinco elementos en plena efervescencia.

Poder relacionar la comida o la bebida como el combustible que va a determinar la intensidad de las sensaciones de frío y calor. Observar las relaciones, qué emociones despiertan y hasta qué punto esas emociones convertidas en pensamientos recurrentes pueden llegar a condicionar la vida. Buen momento para desarrollar la ecuanimidad a través de la meditación y ser consciente de cuando se te llevan los demonios de la inconsciencia.

En mi caso aparecieron picos ansiosos debido al miedo escondido al cambio, por tanto tuve que dejar a miamado café y con el la ansiedad y los miedos, acto que mis riñones agradecieron profundamente. También desterré las harinas de trigo para aliviar el hinchazón de estómago y los pocos azúcares refinados que tomaba para evitar los picos glucémicos que me llevaban de la carcajada al llanto. Decidí aliarme con el tofú y los sabores dulces naturales. En busca de la suavidad y ternura me refugie en las cremas de verduras, la cocina al vapor… La calabaza asada me salvo la vida con su dulzor.

artículo Ara 3

La imagen del Ave Fénix me acompaño durante todo el proceso.

La excusa de la menopausia me ha venido de perlas para convertirme en la niña del exorcista, gritar, golpear paredes y caminar por el techo de mi vida mientras vomitaba recuerdos horribles y alejaba de mi relaciones tóxicas.

También tengo que decir que me vi poseída por un extraño ente que me impedía omitir la verdad sobre lo que sentía, y que hizo saltar todas las alarmas de los que tenia alrededor. El reinado de los años de complacencias y “estoy en un proceso” saltaron en mil añicos, las palabras directas de la mente a la boca, sin filtros, me resultaba imposible callar. Es cierto que estaba más emocional que de costumbre y también que me enfadaba mucho más… Y no veas lo bien que me sentó.

Empoderarse tiene sus riesgos y uno de ellos es que las relaciones tomen un giro inesperado.

 Antes evadía el conflicto, me lo guardaba para observarlo, masticarlo y digerirlo a base de antiácidos. Ahora si tengo que alzar la voz para preservar mi integridad o dar una palmada en la mesa protegiendo mi espacio, no me corto ni un pelo.

He conectado con mi energía masculina y ello ha equilibrado mi energía femenina. Mi energía masculina adora a la diosa que soy, completa, satisfecha y resolutiva, al fin lo entendí (y no estoy hablando de mi orientación sexual).Estoy bien contigo, pero conmigo estoy mucho mejor, soy una naranja completa.artículo Ara 2

A partir de ahora cada minuto cuenta como Bonnus track cada hora del día se ha convertido en un regalo de la existencia. Me parece increíble el haber llegado hasta aquí, a veces, echo la vista atrás y recuerdo a todos los que se quedaron por el camino. Veo canas, arrugas y maravillosas relaciones de Amor que me ayudaron a forjar la mujer que soy ahora.

Nunca jamás me había sentido tan segura, calmada y equilibrada. Sin lugar a dudas puedo decir que es uno de los momentos mas hermosos.

La menopausia es motivo de celebración en muchos caminos, se festeja la llegada de la Mujer Sabia. Es valorada su palabra directa como una buena espada bien afilada. Puedes mirarla a los ojos y sentir su amor infinito sin palabras que lo enturbien. Sólo necesitas tomar de la mano a tu abuela, madre, compañera. Si consigues admirar y venerar quien realmente es, ocurrirá la magia y ella, la chamana, se mostrará.

Ara Vercher

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