La media naranja existe

Nathan Fertig

Debe ser difícil escalar el Himalaya o graduarse como Ingeniero aeronáutico. Sin embargo, hay algo bastante más arduo como construir una pareja.

Una pareja es una montaña, tiene su base y su cima; y también orbita en un espacio, el cual hay un orden que cuando no se conoce y no se respeta crea colisiones entre estrellas por mucho que se amen.

Porque el amor en sí mismo no es suficiente, la realidad muestra que vamos sobrados de amor. Nos aman y amamos. En lo que no tenemos tanta destreza es en amar bien. El amor en la relación de pareja es una obra donde hay mapas, cimientos, inspiración, materiales, proyecciones, sobre todo, hay un equipo humano.

Este equipo humano no solo consta de él y de ella, sino que comprende los sistemas familiares de origen de cada uno.

Cuando dejamos la delicada y potente obra de creación de una relación de pareja en manos de nuestra inconsciencia y falta de honestidad con nosotros mismos, comenzamos a proyectar nuestras carencias, heridas e historias no resueltas. Así, ella pide cosas que él no puede cumplir y él pide cosas que ella no puede dar.

Pero hay otra manera de hacerlo. En lugar de proyectar podemos percibir las cosas que hay en nuestro interior que hace que la relación no funcione. Podemos cuestionarnos preguntas como: ¿qué hago y qué no hago para qufoto Marta Montalvae determinados patrones se repitan en la relación? Sin una honestidad brutal con uno mismo estaremos navegando en aguas turbulentas, y a menos que uno no sea el océano –o esté dispuesto a serlo-, acabará mareado cada vez que salga a navegar.

Buscamos en el otro rasgos que no nos atrevemos a actualizar en nosotros mismos, esperamos encontrar lo que no pudimos recibir de nuestros padres o que el otro cambie aquello que nosotros no estamos mirando en nosotros mismos. Volcamos estados y emociones de nuestras fábulas pasadas. Esto es una buena noticia ya que la relación también se da para poder asimilar comidas que se indigestaron.

El dolor que uno siente en ocasiones no tiene tanto que ver con el otro; sino con buscar refugio en la pareja para cobijar el vacío que produce la huida propia. Es precioso que el vínculo de la pareja sea un lugar acogedor donde poder trabajar nuestros asuntos personales. Es un regalo cuando eso se da. Sin embargo, si no escapamos, si podemos mirarnos a nosotros mismos y ver a la persona que tenemos al lado por encima de nuestras proyecciones, podremos empezar a palpar con las manos, los labios, los ojos, la palabra y el sentir profundo, una verdadera relación de pareja.IMG_5750 (1)

No nacimos para ser uno con el otro. Hay instantes de conexión muy bellos en que los límites de la corporeidad y la individualidad se desdibujan. Hay algo tremendamente hermoso en eso que nos resuena en lo profundo. Volvemos a ese estado de unidad, de no dualidad, que nuestras almas anhelan. Me ta atesorar esos momentos. Hay algo compasivo y real que al mismo tiempo me recuerda que en la vida de cada día es necesario que haya dos individuos.

Tú no eres la mitad de él; tú no eres la media naranja de ella. Esa es la idea que subyace detrás de tantos fracasos de pareja. Nunca lo fuiste. Ambas mitades te conforman lo que fácilmente construye el buen amor y aquello que lo obstaculiza, viven dentro de mí y de ti. Es cuando te haces consciente de tu propia naturaleza completa –con sus luces y sus sombras- y observas esa integridad en tu pareja, el vínculo de la relación se va volviendo sólido, aunque a ratos se torne gaseoso pero nutritivo.

Esa es la maravilla del Amor.

Marta Montalvá

www.librentura.com

martamontalva@live.com

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