¿Qué vas a hacer?

En mi libro de Felicidad, manual de instrucciones. Cómo ser todas las cosas que amas, vengo a hablar de que pese a que nos hayan contado un par de cosas distintas, todos venimos con la felicidad integrada de serie. Como si fuera uno de esos programas o aplicaciones que llevan nuestros teléfonos y que no podemos desinstalar. Muchas veces hemos querido desinstalarnos ese programa y el mensaje es el mismo: “ERROR. Este programa no se puede borrar sin permiso del fabricante”. Así que ya tenemos todavía otro motivo más para ser infelices; que ni siquiera nos podemos borrar el programa de la felicidad. Sin duda que es una mala noticia… Es broma.IMG_6296

Lo único que sucede con este programa es que, en primer lugar, no sabemos que lo tenemos porque siempre estamos mirando hacia fuera, pensando que la felicidad va a caer del cielo o de otra persona y, en segundo, una vez que alguien nos dice que lo tenemos, no nos solemos hacer una idea de cómo usarlo. Y para eso en el libro hablo de la meditación. La meditación para aprender a saber que tenemos ese programa y para saber cómo utilizarlo. Es decir, como algo práctico, no como un fin en sí mismo. Algo práctico para vivir mejor, para ser más felices y para tener una vida más hermosa.

 

La meditación nos sirve para estas cosas, igual que un libro de cocina nos puede ayudar a comer mejor, o ir al gimnasio o IMG_6322hacer deporte para tener un cuerpo más fuerte para afrontar mejor los embates de la vida. La meditación, pues, no es algo exótico, ni esotérico y, si nos ponemos, tampoco ha de ser espiritual (la vida no hace distinciones, para la vida todo es la Vida). Yo hace muchos años, también me sonreía cuando alguien me proponía hacer yoga o meditar. Yo no necesito nada de eso, pensaba. Pero la consecuencia de ello fue que mi vida comenzó a transcurrir por lugares cada vez más difíciles.

Como si el GPS de mi existencia se hubiera estropeado. Quizás te suene esto que te estoy contando. Y de hecho le sucede a todo el mundo. La vida siempre se las ingenia para lanzarnos señales de humo indicándonos que debíamos haber tomado aquel desvío tres kilómetros atrás…

Lo bueno con la vida es que ella no se cansa nunca, está siempre a nuestra vera, esperando a que nosotros nos demos cuenta de que ella no es la mala de la película, y a que nos demos cuenta también de que nosotros somos ella, la vida. Claro que esto nos suele costar bastante de admitir. Nos hemos pasado tanto tiempo diciendo yo, tratando de no ser los demás, pensando que no tenemos identidad si no es oponiéndonos a los demás, que cuando la vida nos dice que somos todo, no nos lo creemos.IMG_6125 ¿Cómo? ¿Qué? ¿Yo no soy Javier, no soy Marta? ¿Entonces quién soy? ¿Qué va a ser de mí?

Tenemos miedo de quitarnos nuestras identidades por mucho que nos hagan sufrir. Y aquí, en esta encrucijada, la vida se abre ante nosotros: ¿Qué quieres hacer?, nos pregunta. ¿Quieres venir conmigo o quieres quedarte atrapado en tu concha? Se abre un portal, que por otro lado siempre está abierto. ¿Qué vas a hacer? Buda decía que hay una llave a cada instante, a cada respiración, en cada hoja de árbol, en cada brisa.

De estas cosas hablo en el libro, y la felicidad tiene que ver con dar el salto mortal y estar dispuesto a crecer incluso sin saber cómo. Con miedo, con torpeza, con equivocaciones, da igual. Luego todo se pondrá en orden, quizás suceda mañana, quizás dentro de un millón de años, quizás ya haya sucedido. No hay ningún lugar al que llegar, sino tan solo el lugar sin lugar de permitirte ser feliz, ser maravilloso, ser lo que realmente eres sin ser nada. Eres especial, eres un rayo de luz que toca una gota de agua y que nadie mira. No tienes nombre y tienes todos los nombres, y ya eres todo lo que amas.

Mantente determinado y cuida y protege a todos los seres.

Javier Salinas

fb: Javier Salinas

www. yoga-you.org

Posted in:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *