Ser mujer hoy

Son las seis de la mañana. Entreveo la luz del amanecer mientras me despido de los vestigios de mis sueños. Despertar lleva su proceso. Descender del viaje de la mente hacia la cama sólida es como un nacimiento cada día.

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Enciendo las luces, estiro el cuerpo, me lavo los dientes, me mojo la cara, me miro el espejo y ahí estoy.

Suspiro.

En una fracción de segundo ordeno mi día en la mente.

Despierta a tu hija, desayuna con calma, llévala al cole, piensa en la comida, mira la agenda, cuantas consultas tienes hoy, tus horarios de yoga, recoge a Martina, llévala a danza, responde correos, piensa en la cena, no olvides llamar a Lucía (acaba de ser mamá). Escribe lo que te habías propuesto escribir. No olvides meter en tu bolso la ropa de yoga, el ordenador, los cargadores, las llaves del coche, las llaves de casa, el móvil.

Suspiro.

Camino despacio hacia la habitación de Martina, calmada, llena de amor, en busca de su despertar aletargado. Ella va lenta y yo a su compás.

Pero hay días que salir de la cama cuesta más, tienes que salir con fórceps del vientre de tus sueños, y te lavas la cara y no te ves. Caminas despacio y tropiezas y gritas “joder” y una fuerza te empuja a volver a la cama, para desaparecer una hora más. Pero tu hija va al cole, te esperan tus pacientes, tienes que dar tus clases de yoga y todo lo demás.

Existe una ola constante entre el bienestar interior y el malestar interior. A veces estás en la cima de la paz, y a veces te pilla por sorpresa la bajada y te quedas en ella unos días.

Biológicamente, las mujeres  tenemos un aparato reproductor yang, quiere decir que tenemos superioridad biológica porque podemos crear vida, tenemos un cuerpo más eficiente. Necesitamos menos alimentos, menos oxígeno y menos proteína.

Sin embargo nuestra esencia o energía es yin.IMG_3893

Como consultora de alimentación para la mujer, veo muchos casos de mujeres que están luchando contra su propia naturaleza.  La de resurgir de la tierra para crecer despacio hacia el cielo y desplegarse como lo hace una planta; abriendo sus hojas al sol, desde dentro hacia la periferia con generosidad.

Tenemos implícita una naturaleza creativa y espléndida que invade de belleza y vida el entorno.

La cuestión es que en esta era frenética, en la que el tiempo se ha convertido en el protagonista de nuestras vidas, los momentos de quietud no existen, y la esencia yin de la mujer  se ha desdibujado  creando confinidad entre lo intelectual y lo verdadero.

El cielo no está separado de la tierra, pero el cielo guarda la fuerza del cosmos, y la tierra la fuerza de las semillas.

El cielo está feliz siendo cielo, la tierra es feliz siendo tierra.

No le pidamos a la tierra estrellas en la noche, no busquemos una luna entre las raíces, no esperemos la salida del sol en los primeros brotes de primavera. Dejemos que el orden natural de la vida siga su curso y unámonos a su inteligencia, para que ser mujer en esta era sin silencios ni quietud, sea más sencillo.

Así que, en esos días que tropiezas sin querer y levantarte es un esfuerzo infinito, cierra los ojos, siente tu respiración, y empieza de nuevo con calma, que quizá estás yendo en contra de tu naturaleza esencial.

Natalia J.Restrepo

Consultora Macrobiótica especializada en salud para la mujer.

www.cadacelulaunagalaxia.com

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