La meditación


La meditación

Meditación, símbolo y sentido


  • doctorsinfondo-300

    En este momento de nuestro presente como humanidad seguimos caminando, quizá en muchas ocasiones carentes de sentido, pero sabiendo que en esta rueda mayor hay un propósito.

    Son y han sido infinitas las preguntas lanzadas desde los diferentes puntos del mundo queriendo comprender. Pero también sabemos que han sido muchos los humanos de todas las épocas y culturas, que sin encontrar respuesta externa, en algún momento de su vida dieron un giro hacia una mirada convergente e interna.

    Se han encontrado direcciones certeras, regiones nobles donde una razón mayor, una sabiduría y una naturaleza Divina, se despliegan ante los ojos del que mira, para dar a eso mismo un reconocimiento profundo. Posiblemente esto ya es una forma de meditación, un evocar del encuentro con lo primigenio que lleva al centro del individuo, al núcleo del Ser, a ese espacio sagrado donde la conciliación de los opuestos se da por una unidad abrazadora de un centro cósmico y una multiplicidad facetada personal.

  • Este centro también debe de considerarse como punto de confluencia y reunión, donde reconocerse aquí desvela la posibilidad de renovación e inmortalidad.

    Ya Sócrates nos invitaba desde esa inscripción délfica en ese “CONOCETE A TI MISMO”; desde luego, es un buen gesto de partida que te lleva a la autocontemplación; él mismo citaba que “EL ALMA QUIERE CONOCERSE ASÍ MISMA”. Es evidente que el hilo dorado de la vida ata al hombre a su destino, pero también es evidente que el hilandero Creador no puede separarse de su creación, ni de su criatura creada. En la trama laberíntica de la vida queda representada la unión entre cielo y tierra, entre el Dios Uno y el hombre.

    Necesariamente entonces hay que pararse a meditar, porque parece ser, que en el interior está el símbolo con su significado oculto, pero dispuesto a revelar el sentido íntimo de la existencia.

    Observa las diferentes épocas, las antiguas civilizaciones, las modernas culturas, los diferentes credos. Todos ellos llenos de símbolos, verdaderos marchamos divinos como marcas de reconocimiento. Desde la cruz Swástica hindú, el mandala Dharma Chakra tibetano, el Yin Yang taoísta, la cruz Ansata egipcia, la Estrella de los Cuatro rayos asiria, las cruces célticas, cristianas, amerindias, maoríes… La lista se hace interminable, el ser humano siempre necesitó un apoyo visible, un sostenerse en algo tangible.

    La meditación entonces es un pasaje que lleva al hombre de la mano mostrándole el símbolo, en un descubrir del arquetipo, dándose así un fusionar la mente finita con lo infinito, en un regreso a ese centro que nos evoca y revela el simbolismo de la reconquista del Paraíso perdido.

    La meditación es la experiencia de un vislumbrar la perfección original y reconocerse parte de ella.

    Sentémonos pues a meditar…

Cristina Parga Román
Profesora de kundalini y hatha yoga, terapias biológicas.
crispargaroman@gmail.com

Ilustraciones: Evelyn Lynn