El ContraPunto

El Contrapunto

  • Papá, Mamá, voy a ser profesora de yoga… Todo empezó aquí. Verdaderamente, mi hermana ha tenido, du- rante toda su vida, un sinfín de proyectos lú- dicos, entretenidos y de diversas categorías, por eso cuando soltó tal bomba informativa Papá siguió viendo “Pasapalabra”, Mamá siguió leyendo a Sócrates y yo. . . seguí haciendo pas- teles.

    La verdad de esta historia es que, ¡la cosa iba en serio! Ahora tan solo tocaba esperar la so- brecarga que, tarde o temprano, llegaría y trae- ría consigo algún otro proyecto emocionante. Pues bien, no llegó tal momento, al menos hasta ahora, con lo que mi querida profesora sigue desplegando su esterilla.

    El cambio no fue brusco, supongo que nunca lo es; verdaderamente, lo primero que cambió fue el vocabulario utilizado, palabras como ‘amor’ y ‘gratitud’, o resoplidos acabados en un ‘relá- jate’ o el tan recurrente ‘respira’ comenzaron a resonar en nuestras cabezas. Lo cierto es que, hasta este punto, esas palabras se han con- vertido, para mí, en las más desesperantes de todas… ¡Ya no lucha!, ¡ya no me contesta!, sólo a veces vuelve a su yo anterior y es entonces cuando me lo he trabajado bastante, la verdad.

    Después, llegaron los mantras… Se acabaron las canciones ñoñas, con estribillos paste- lones, todas dedicadas a romances imposi- bles y desamores que van y vienen, todo esto acabó. Básicamente pasamos, en un abrir y cerrar de ojos, de estas canciones incompren- sibles a otros ‘sonidos’ todavía más raros. Por supuesto, mi hermana tiene aspectos de su vida que no ha cambiado y, como buena do- minguera española, tiene el mantra pues- to, todo el día, a todas horas, todos los días, a modo de transistor. Esas canciones suenan en mi casa sin necesidad de que esté practi- cando meditación, con lo que, cada vez que alguien entra en mi casa, escucha de sonido de fondo ‘guahe gurú’ si es que así se escribe.

     

  • Es más, ¡si estás de suerte!, puedes venir cuan- do esté meditando y te irás oliendo a incienso o, si ya te llevas el premio gordo, esperar a que acabe para que te invite a un té.

    Mi hermana nos tiene a todos adoctrinados para no interrumpirle en sus momentos de meditación, sólo que se le olvida decir los horarios y los habitáculos de la casa en los que te la puedes encontrar a oscuras. Es frecuente que, cada vez que invade una porción de casa, alguien entre buscando un bolso, o queriendo subir la persiana o, simplemente, para ver que está haciendo. Por eso, cuando está en casa, es normal llamarla y que no conteste,entrar a cualquier sitio inesperado y hacer malabares para no pisarla o preguntarle en medio de la meditación el típico ¿estás meditando?, pregunta que desencadena el característico resoplido que te echa de la habitación, educadamente.

    Por último es interesante tener en cuenta el cambio radical de vestuario. Antes todo se basaba en unos ‘leggins’ de base elocuen- temente combinados con partes superiores, como camisas, blusones o rebecas. Pues bien, todo esto dio paso a los pantalones bomba- chos, vestidos palabra de honor/ faldas largas de gasa, prendas superiores de lana gordas y gorros con unos sentidos y formas que intriga- rían a la mismísima Elsa Schiaparelli. Supongo que todo en el yoga reside en la comodidad, tanto física como psíquica, y mi hermana, que siempre ha sido muy cómoda, ahora lo es más.

    Verdaderamente me he acostumbrado a todo esto y, en ocasiones, me he sorprendido a mí mismo cantando mantras por mi casa,siempre cayendo en la cuenta y callándome, para que no me escuchase ella y quisiera llevarme a algún retiro de los que hace con sus “yogui-amiguis”.

Posted in: