Entrevista a Silvia Jaen

Silvia Jaen

Profesora de yoga, formadora de formadores, info@silviajaen.com
  • ºO; ¿Cómo y cuándo empiezas a hacer yoga?

    SJ.; Gracias a mi pareja empezamos a interesarnos por la comida vegetariana, por una forma de vida más saludable. Debido a los trabajos que teníamos nos llamaba la atención todo lo contrario a lo que estábamos viviendo. Entonces yo era modelo y mi pareja Dj de una discográfica. Empezamos con una dieta estrictamente vegetariana y a partir de aquí comenzó el cambio. Tomé algunas clases de yoga pero lo tuve que dejar, en esa etapa de mi vida viajaba mucho debido a mi trabajo. Tiempo después conocí a una modelo practicante de yoga que se iba ese mismo verano a India a profundizar en su práctica y conocer el yoga en su origen. Volvió encantada, ella asistía a un centro de yoga y decidí acompañarla, mi sorpresa fue encontrarme con el centro de yoga en el que había comenzado a practicar y con la misma profesora con la que empecé. Ahí reanudé mi práctica. Después de unos meses esta misma amiga me comento que iba a comenzar una formación de profesores de yoga y pensé: ¡a mí me gusta, pero no es para tanto! Tras un tiempo sentí una claridad sorprendente. Supe que tenía que hacer la formación de profesora de hatha yoga.

    YO: ¿Tu carrera como modelo terminó y te sumergiste directamente en el mundo del yoga?

    S J: Sí, hubo un tiempo en el que estuve al- ternando la moda y el yoga. La práctica me ayudaba mucho en los jet lags, los nervios de los desfiles o en las sesiones fotográficas. El yoga me aportaba mucha serenidad. El yoga me hizo tomar conciencia, sabía que había encontrando mi camino, había llegado a casa. El yoga me enamoró.

    YO: ¿Cómo pasaste de dar clases de yoga a comenzar a impartir formación?

    S J: Comencé formando parte del equipo de formación de profesores de Hatha yoga de algunas escuelas, pero mi linaje era el Iyengar. Era lo que amaba y practicaba, todo el yoga que yo impartía estaba impregnado por la esencia del Yoga Iyengar. Estuve como profesora de formación de profesores en distintas escuelas y hace cinco años formé mi propia escuela y equipo de formación.

    YO: ¿Cuál es el rol de un formador de profesores?

    S J: Yo lo vivo como un proceso de aprendizaje, como cuando un niño comienza a andar y tú vas allanándole el camino, retirándole posibles peligros para que no se haga daño. Aunque no todos, el niño también ha de ir sorteándolos para ir adquiriendo seguridad en sí mismo hasta ponerse de pie. El rol de un profesor es hacer ver al alumno que el yoga es un camino precioso, que nos aporta momentos de una belleza indescriptible, pero no es un camino de rosas. Aquí lidiamos con el cuerpo físico y espiritual y nos encontramos muchísimas trabas. Se trata de ir quitando capas, como una cebolla y eso supone dolor, no es fácil, pero no hay que temer, ya que es natural. El profesor acompaña y se encuentra disponible para los alumnos, no sólo con tutorías y una buena pedagogía y práctica sino permitiéndoles expresar lo que sienten

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    Al poco tiempo, comencé a impartir clases donde había empezado a recibirlas. Más tarde comencé a profundizar en la disciplina de Yoga Iyengar. Me sumergí en ella e investigaba, estudiaba, leía y practicaba de una manera constante e intensa. Años después empecé a impartir formaciones, intensivos, congresos de yoga por toda España, hasta hoy.

    YO: ¿Dónde está el limite entre profesor de yoga, acompañante espiritual y psicólogo?

    S J: Mantener el equilibrio es difícil. Viendo las reacciones de las personas cuando empiezas a enseñar te vacías, porque quieres dar en exceso y es una disciplina que se presta a ello. Puedes dar hasta cierto punto: si tú, como profesor, te rompes, no puedes mantener la energía del grupo. Ellos han de saber que el profesor no es el salvador. Si se confunde la figura del profesor con la del amigo, tanto al alumno como al profesor, sobre todo en formación, les influencia de manera muy negativa.

    YO: Estamos viviendo el esplendor del mercado espiritual, donde haces un curso de 15 días y ya eres profesor de yoga ¿qué opinas de esto?

    S J: Vivimos un momento de supermercado espiritual donde hay mucha gente aprovechándose. Se sacan formaciones exprés donde en muy poco tiempo se dan cientos de títulos de “superprofesores” que están dando clases de cualquier manera. Devaluando la joya que es el yoga y el precio de las clases, una labor hermosa y de mucha responsabilidad. Resulta muy triste verlo, porque hay mucho oportunismo.

    YO: ¿Crees que esto está pasando porque hay mucha demanda?

    S J: Claro, estamos atravesando un momento en el que las personas están realmente necesitadas. Sacarse un título está de moda y es cada vez más fácil. Por un lado está muy bien, pero por otro nos encontramos personas que no están en condiciones. Es algo que siempre he tenido muy claro, no creo que valga todo para conseguir llenar un grupo. Para poder entrar en mis cursos se requiere un mínimo de práctica, unos conocimientos que nos permitan comunicarnos en el mismo idioma.

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  • Siempre he preferido tener cursos pequeños, pero estudiantes maduros, convencidos de lo que van a realizar y dispuestos a afrontar el estudio. Yoga no es un camino fácil, ni tan ligero como lo pintan, no es poner un incienso y cantar el Om, hay que trabajar mucho, tener mucha disciplina, actitud…

    YO: ¿Qué es el desapego visto desde la perspectiva yóguica?

    S J: El concepto es tremendamente amplio. No aferrarse a las cosas materiales, poder disfrutar la experiencia terrenal, sabiendo que no va a permanecer siempre. Abrir la mente, poder mirar panorámicamente lo que sucede en todo momento, sin tener el enfoque en un punto fijo.

    YO: ¿Crees que desapego y libertad tienen relación?

    S J: Para empezar, creo que no somos realmente libres, aunque sí nos acercamos en algunos momentos a la sensación de libertad y rozamos la experiencia. Cuanto más yoga se practica, mejor se entiende el concepto, y podemos acercarnos a la percepción de lo que supone. Con respecto al desapego, supongo que los grandes maestros dedicados en cuerpo y alma a practicarlo lo habrán experimentado, pero alguien que vive en Occidente, imaginemos en Madrid, con una vida normal, con su rutina, su trabajo y las obligaciones diarias, realmente no creo que pueda alcanzar el total desapego.

     

  • Podemos ir descubriendo el apego que nos producen ciertas situaciones, ciertas relaciones, cosas en nuestras vidas y a través de herramientas como la meditación o las asanas, ir practicándolo poco a poco en nuestras vidas. Hablo siempre desde mi experiencia, he ido dejando atrás muchas cosas que me provocaban apego, pero totalmente, con toda humildad, para nada vivo en total desapego, ¡me encantaría!

    YO: ¿Es importante la disciplina de yoga en un profesor?

    S J: Por supuesto, primero por él mismo, para poder seguir recibiendo los beneficios de la práctica personal, y segundo, por la responsabilidad que tiene hacia sus alumnos. Ha de haber un proceso continuo de reciclaje y aprendizaje, como profesor has de tener tus maestros, estás en una formación continua investigando en tu práctica diaria. El yoga es algo vivo, no es un producto acabado. Es un camino que empieza y nunca acaba, decir ya sé yoga es muy aventurado, el propio B.K.S. Iyengar practicó cada día, para perfeccionar su práctica y avanzar. Hoy en día tenemos mucha prisa, pensamos que ya lo sabemos todo realizando un curso exprés en el que invertimos tres, cuatro o cinco años y hay que seguir investigando practicando, sintiendo, ésa es la belleza del yoga. Me conmueve el amor que siento por el Yoga, las ganas de enseñar y compartir todo lo que experimento. Me sigue emocionando ver cómo los alumnos van progresando en su práctica y los cambios que ellos también van experimentando. Cada mañana me levanto dando las gracias por haber encontrado este camino.

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