Mi esterilla mágica

Mi esterilla mágica

  • editorial marta 300

    Fotografía de Cecilia Cristolovean, http://cecillephotography.com/

     

    MARTA

    Acabo de comprarme una nueva esterilla, es de color verde, corporativa con el logo de la revista. Me gusta, y me gusta que me guste. Para mí la esterilla o mat de yoga es un lugar absolutamente sagrado, es el único espacio de mi vida donde soy yo misma. Sí, el único. Siempre que me siento sobre el mat tengo la sensación de que estoy en una “alfombra mágica”, tengo la certeza de que comienzo un viaje que no sé adónde me lleva, en ocasiones a un lugar donde ya he estado y, en cambio, otras, a visitar parajes completamente desconocidos, a veces placenteros y otras no, pero sin duda, siempre tremendamente enriquecedores.

    Para un yogui, su práctica diaria es sagrada, yo no sé si soy o no una yogui, lo que sí sé es que soy alguien que practica yoga, mejor o peor pero eso no es ahora lo importante. Tampoco puedo decir que sea una fiel, estricta y disciplinada practicante. En ocasiones, las sábanas, la pereza o el cansancio ficticio me ganan la partida, pero no puedo castigarme por ello, eso también es un aprendizaje. Lo que sí sé es lo que experimento cada vez que soy fiel a mi práctica, o más bien, cada vez que me soy fiel a mí misma, esto es lo que me impulsa a vencer las resistencias de mi mente y subirme cada día a mi mat, ahora de color verde.

    Aunque pueda parecer increíble, sobre un mat de yoga he experimentado algunas de las situaciones más bellas de mi vida, he sentido plenitud y contemplado profunda belleza, pero también algunas de las más duras, me he encontrado con todos mis fantasmas y no siempre he sabido hacerles frente, pero aun así no me he cansado de intentarlo, no hasta ahora.

    La práctica de yoga es una aventura diaria que te lleva a conocer estadios de ti mismo que nunca imaginaste que pudieran existir, o sí, pero no habías querido reconocer hasta ese momento… verlos, sentirlos y abrazarlos, ésa es la práctica más bella que puedes regalarte a ti mismo cada día… ¿y tú, ya te has subido hoy a tu “esterilla mágica”?

  • editorial ara 300

    Fotografía de Cecilia Cristolovean, http://cecillephotography.com/

     

    ARA

    Yo, como Aladino, también tengo mi esterilla mágica.

    Después de probar un millón de esterillas, colores, materiales y texturas, me di cuenta de que todas mis resistencias se encuentran en mi interior. La que patinaba era mi incredulidad, la que resbalaba mi consciencia, la inestabilidad mental se reflejaba en mis tobillos y en el gusto o disgusto por el color, la mirada que tenía ante la vida.

    Así que cada día y sólo por hoy, cuido de mi presente, desnuda de creencias, libre de dogmas vuelvo a sumergirme en las oscuras aguas de mi ser. Acepto el pulso del ego y mano a mano me enfrento con él. Dejo que mi cuerpo arda como una llama quemando mis apegos.

    La cínica cancioncilla del ego resuena cada día en mi interior: mi dulce cama, mi caliente edredón, mi apasionante libro, lo tarde que me acosté, lo poco que dormí, el novio nuevo, la ruptura inesperada, el resfriado que aflora, el trabajo que arrastro… “mi, mi, mi, mi, yo, yo, yo, yo”, como dice Sogyal Rimponché muriéndose de la risa ante nuestras flojas excusas por evitar la disciplina.
    En mi math (templo o santuario personal), me desnudo de los pares opuestos. Junto a las gotas de sudor se caen los gustos y los disgustos, aquí no hay nadie delante en quien volcar mi insatisfacción, rabia o decepción. Desnuda sobre la esterilla dejo de ser ejemplo, guía o madre, asumo la responsabilidad de mi práctica y dedico un tiempo sagrado a citarme con mi Ser.

    El aforismo griego, conócete a ti mismo, cada día se convierte en una premisa del juego, sorpréndete a ti misma, en esta experiencia orgánica, intima y personal, la verdad directa de la fuente.
    Desnuda de intelecto, no mente, el samadhi inherente a la práctica.

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