El Contrapunto III

El Contrapunto III

¡Yoga de oferta!, ¡Mira reina, dos por uno y me lo quitan de ‘las manos’!, ¡Hazte profesor de Yoga y de regalo el diploma de Maestro Reiki (si es que así se escribe)! Queridos amigos yoguioleros, es cierto… he de decir que cada vez me informo más de vuestras prácticas y ‘quehaceres’ semanales y debo reconocer que cuanto más leo la YoguiOla, más me doy cuenta de la maravilla que es el yoga y la suerte que tenéis al conseguir dejar la mente en blanco, meta que ni yo mismo consigo en la fase REM. Leyendo el último número de dicha publicación, he leído el artículo de Silvia Jaén, en la sección Yoguientrevista. Hay un término que me ha fascinado cuanto menos: ‘vivimos un momento de supermercado espiritual’ ¡es bárbaro!, este mundo está tan perdido que ya no sabemos ni que vender ¿verdaderamente estamos empezando a vender el alma al diablo? Para ser claros, y sabéis que todos lo pensáis, la meta de todo aquel que se mete a profesor de yoga, o a simple alumno de yoga, es meditar en la montaña más alta del Tibet en una esterilla ecológica, después de que un monje budista os haya preparado un té reparador y saludando al Sol según sale por el horizonte, literalmente. La cruda realidad es que este momento no suele llegar pero… hacemos lo que podemos ¿verdad? Diferenciar las tareas físicas de las espirituales, por lo visto, no es fácil y hay que dejar claro que no todo el mundo sirve para ser profesor de yoga, por ejemplo yo; no creo que sirviese para profesor en general, sin embargo podría realizar un curso exprés de los anteriormente mencionados y ¡tendría el aura renovada! (spot verídico), ¡es maravilloso..! Supongo que en el mundo de la empresa cualquier excusa es buena para hacer dinero y que respetar lo que te va a enriquecer está fuera de lugar. Yo creo, desde fuera, que el yoga últimamente es algo que ‘está de moda’, si eres ‘guay’ haces yoga, y sí, tiene que ser yoga, que ‘el pilates es para mayores’. Estas opiniones populares contribuyen fundamentalmente a devaluar el significado del yoga… y del Pilates por supuesto. Por lo tanto, ser profesor de yoga no puede ser fruto de un curso de quince días, no puede ser que tardes lo mismo en aprender a hacer manualidades que en aprender a enseñar, sea yoga u otra disciplina ¿qué obtenemos de esto? Pues un churro mayúsculo, un señor o señora que lo único que sabe es encender un palo de incienso, básicamente. Lo que yo me pregunto es: ¿cómo diferenciar un profesor de yoga en condiciones de un cantamañanas-exprés? Supongo que ustedes sabrán diferenciarlo, en mi caso soy un analfabeto. Tan solo he ido a una clase de Yoga, como ya mencioné en mi primer artículo, pero creo que en aquel caso la profesora debía de ser buena, porque a mí personalmente me infundió respeto hacia todo este universo yóguico, un triunfo desde luego satisfactorio. Mi opinión concluyente de este tema es que la gente aburrida es muy peligrosa y que el profesor de palo recibirá otro ‘palo’ del karma tarde o temprano, pero en fin, cada uno en su esterilla y el Sol en la de todos…

Pablo García Lumbreras

Restaurador de arte

info@yoguiola.com

Posted in:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *