El regalo del yoga

Perspectiva del practicante:

El regalo del yoga

Maribel Lacomba, practicante de hatha yoga

Fotografías: Cecilia Cristolovean http://cecillephotography.com/

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Llevo sólo unos cinco años practicando Hatha. Cuando comencé, fui descubriendo poco a poco que detrás de las “posturitas” (también llamadas asanas) había mucho más. No sabía qué, pero había algo y empecé a sentir curiosidad.

También descubrí (pero eso fue más rápido) que allí, parecía la hija de Gepetto, o sea, algo hecho de madera. Cuando me enfadaba, pensaba ¿pero qué se creen?, ¿que soy una muñeca hinchable? Eso sí, nunca he dejado de intentar nada que me interesara, es una de mis señas de identidad: Se llama locura.

Seguí ahí, luchando «contra corriente»; porque no llegas y ¡ya¡, sino que te cuesta un triunfo cada “movida”, porque se aprende con mucho esfuerzo, además de ser un reto, notas que te va cambiando por fuera y por dentro. Te vas fortaleciendo desde los dedos de los pies hasta el pelo. Y al mismo tiempo, fortaleces tu mente.

 

Aprender a realizar los movimientos precisos unidos a tu respiración, requiere un esfuerzo importante de atención. Así va aumentando tu capacidad de concentración y se produce el «milagro». Empiezas a descubrir tu interior.

No obstante, como me lo cuestiono todo, me preguntaba cada día muchas cosas… ¿Qué?, ¿qué si me pongo del revés en Sirsasana mis filtros se limpian?, ¿mi sangre y sus cañerías se desatascan? ¡Éstos están todos “pallá”!
Pero tenía “cierta» lógica y me compré un libro y estudié la técnica precisa de cada postura. Comprendí, que siguiendo la colocación exacta, todo tu cuerpo va respondiendo, se va abriendo cómo una flor escondida que estuvo siempre contigo, esperándote, aunque no lo supieras. Pero no es fácil, hay que tener paciencia, no hay que cuestionarse nada, “soltarse el pelo”, entregarse y seguir probando. Nadar con la ola. Como en la vida.

Esto incluye otro aprendizaje importante en mi vida, yo no quería creer en nada en lo que tuviera que poner fe. Me parece un engaño, un “quitamiedos” para soportar las calamidades de la vida. Yo quería ser valiente y enfrentarme a la realidad. Cómo los animales de la selva, contemplar el sol cuando sale, formar parte del paisaje y estar alerta para correr cuando llegase el peligro. Disfrutar de los placeres de la vida cada segundo y vivir lo que me toque sin miedo.
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Pues también eso lo muestra el Hatha. Aprendes a conocer tu cuerpo, a tener paciencia, a disfrutar del momento, a recoger y guardar un tesoro de energía para cuando lo necesites. Aprendes a vivir el presente y a hacer menos “cábalas” sobre tu futuro.

Yo que me pregunto y quiero entender todo, he aprendido, que intentar aprender esta disciplina cada día, es lo mejor que le ha pasado a mi vida y a mi manera de ser (bastante impaciente).

En Hatha Yoga, no hay que creer en nada salvo en ti mismo, no hay que poner fe en nada, no hace falta que te expliquen nada. Experimentas y compruebas los resultados en ti misma.

Es como respirar, desde que nací vivo sin saber cómo o porqué respiro. Pero mi cuerpo respira para mí. Yo no hago nada, es automático.
Como los procesos que se dan cuando practicas Hatha.

foto_N4_005Me asombra mucho esta disciplina milenaria, el conocimiento profundo del cuerpo humano, entendido cómo un todo, un cuerpo físico, mental, energético y “vetetuasaberquemás”.

Y encima, para mas regocijo, no hay nada misterioso o esotérico en estos procesos. Somos una maquinaria preciosa y precisa, “repletita” de hormonas que funcionan cómo el mismísimo Universo. Perfectamente.

Si practicas, si dedicas un tiempo a ti, sólo a ti, sin buscar nada más, solo conocerte a ti mismo, todo tu ser responde, toda esa maquinaria se pone a trabajar para ti.
Y te llena de regalos: autoestima, presencia, seguridad, humildad, salud y alegría. Eso me está dando la práctica de Yoga.

 

La única pega que le encuentro a esa “preciosidad» de maquinaria humana, es que tiene una inteligencia limitada para comprender. Hay tantas cosas que no entendemos….
Y me vuelvo a preguntar si estoy dotada de la capacidad necesaria para comprenderlo todo, y lo que me sucede es que todavía no se cómo desarrollar ese talento. Y me respondo que quizá ni siquiera importa descubrirlo, quizá, lo que realmente importa es esforzarse en descubrirlo. Tener paciencia y perseverancia. Aprender a ser humilde y no querer «saberlo todo”. Como en el Hatha Yoga.

 

Maribel Lacomba

Economista y estudiante de Hatha Yoga

bellacomba@gmail.com

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