EL YUGO DEL YOGA

 El Yugo del Yoga

Cuando oímos «Yoga viene de yugo», entendemos que este yugo se refiere a Unión, La imagen del yugo es un poco dura y la palabra no parece muy poética, nos quedamos con unión, que es más amable y nos evoca un abrazo con todo. Podemos reconocer este abrazo y nos alivia. Y realmente es así, la visión yóguica nos muestra que la separación que percibimos es una ilusión, una apariencia que nos embruja impidiéndonos ver que nuestra verdadera identidad es una sustancia única que nos interconecta profundamente en ese abrazo en el que nos percibimos inocentes y compasivos.
Bajo este concepto de Unión, toda la existencia es una relación. Esto también podemos reconocerlo en nuestros momentos lúcidos, y en este contexto, las relacionesIMG_9862 humanas son el lugar más evidente, y muchas veces desafiante, en el cual experimentar esta unión a la que el Yoga nos insta.

Aquí, en este ámbito, es donde me interesa mucho la palabra «Yugo», me parece una metáfora muy acertada, casi no es una metáfora, es una imagen concreta con un significado tajante: estamos enyugados unos a otros y no tenemos opción de separarnos. El Yugo nos remite a una imagen arcaica, aparentemente lejana a la mística del Yoga; hombres sencillos de campo, un artefacto rudimentario, una madera pesada y polvorienta que apresa a los bueyes y los condena a estar unidos… esta imagen de unión no nos atrae, sin embargo está en la raíz de la palabra Yoga, con su tremendo significado.

Desde mi punto de vista, la palabra Yugo lleva al concepto de Unión a su expresión más absoluta, estar «enyugado» es la condición intrínseca trascendente del ser humano. Estamos enyugados entre nosotros, a la existencia, a la Conciencia, un yugo inquebrantable nos ata a nuestra verdadera identidad y a nuestra liberación.
Llevado a lo cotidiano, la visión yóguica nos revela que una relación no se puede romper, no existe esa opción, es ilusorio pensar que un vínculo desaparece y deja un vacío que puede llenarse con otro vínculo que también desaparecerá y así sucesivamente, como si fuéramos mariposas que van de flor en flor dejándolas atrás para siempre.
Una relación va más allá del tiempo y espacio, no depende de las leyes físicas, ni de los patrones psicológicos, es lo único en este mundo que trasciende la muerte.
La mayoría de nosotros hemos aprendido a amar con un amor limitado por nuestras heridas y neurosis. Nuestras relaciones beben de ese amor desde el cual no podemos percibir la trascendencia de la Unión, y el Yugo de Yoga se transforma una condena dolorosa que necesitamos romper para liberarnos de los conflictos que nos van trayendo nuestros vínculos.IMG_9847 copia
Muchas veces oímos o decimos que esta relación se ha roto, o que aquel vínculo ya no existe. Sentimos que las relaciones nacen y mueren, y lo que se queda en uno, en todo caso, es un sentimiento la mayoría de las veces amargo, que no sabemos dónde colocar y que tapamos para poder encontrar la relación que sustituirá a la que ha muerto. Pero esa ruptura del Yugo que hemos hecho es aparente, ilusoria, pues en nuestro fuero más interno, esa relación vuelve a aparecer una y otra vez a lo largo de los años; hay ahí dentro una persona de nuestra historia encerrada en una celda que nos mira y nos espera en el punto exacto en el que la dejamos.
Si un ser querido muere, ocurre algo similar, lo perdemos, y en ese vacío se instala un dolor que es como un velo que nos impide ver a quien se ha ido, pero en el paradigma yóguico (y en varios paradigmas de caminos de Conciencia) esa percepción también es ilusoria… Dentro de nosotros, todas nuestras relaciones siguen vivas y abiertas a una nueva conexión, bella y profunda.
Como dije antes, esto no podemos percibirlo si no tocamos el amor escencial que vive en el núcleo de nuestro corazón, si no tocamos esa sustancia de paz y conciencia de la que estamos hechos y que es en verdad lo que nos une. Podemos quizás entender que las relaciones son eternas, podemos tocar ese amor espontáneamente o a propósito, pero lo que más hacemos es pensar en ello y conformarnos con sentirlo fugazmente. Así esta realidad no llega a tener para nosotros la fuerza que en verdad tiene y no podemos llevarla a la gestión de los cambios en nuestras historias de amor.
En la visión real, la forma está destinada a cambiar, a morir, el vínculo está destinado a permanecer y a trascender; en el embrujo de la ilusión, invertimos esta ley destinando a la forma a permanecer fija y destinando al vínculo a ser frágil. Pero este intento equivocado no puede más que fracasar, dando como resultado el sufrimiento que todos conocemos.

Me gustaría que pudiéramos comprender tan profundamente el concepto de Yugo, que fuera el lugar donde nos enraizamos en nuestras relaciones, el lugar firme que nos sostiene permitiéndonos vivir el flujo cambiante de la vida dejándonos tocar por el cambio sin temor a perder el amor profundo que somos, al cual también estamos enyugados, sin temor a perder al otro porque sabemos con certeza que eso es imposible. Podríamos ver nuestras heridas, pasar por los acontecimientos imprevistos, sanar abiertamente nuestras neurosis, acompañados, acompañándonos, sabiendo que en el proceso de transformación, con sus dolores y claridades, no hay nada que perder, no estamos solos.
El amor puro del que tanto hablamos, el que aparece citado en facebook varias veces al día, el que todos buscamos, no es un conjunto de nuestras ideas bonitas, no se puede decir con una mínima integridad qué es ese amor, pensar en el es inútil, en realidad, podríamos no hablar de el nunca más, no nombrarlo si quiera. Esa sustancia es el Yugo, y no está en ninguna parte más que dentro de nosotros. Aflora cuando no la describimos, pero igual que es inútil pensar o hablar de ella, si que es muy necesaria nuestra disposición a que brote, que la convoquemos y la valoremos como la fuerza de vida que es. Necesitamos tener claro el paradigma, darle a cada cosa su lugar cuerdo, asumir voluntariamente que el Yugo es inmutable y que en él radica nuestra inocencia, nuestra paz.

En estos días que vivimos, en los que la sombra emerge repentinamente como gritando ser sanada, en los que las fluctIMG_9876uaciones son cada vez más intensas y los espejismos cada vez más estridentes, propongo un rezo profundo, muy íntimo para que se oiga dentro, donde está Dios: que podamos anclarnos firmemente a eso que somos, seres inocentes que cuentan con la realidad tremenda del amor o llámale como quieras, pero que sintamos que esa fuerza suave y penetrante, nada ruidosa, pacífica, está viva dentro de cada uno, que nuestras relaciones, cualquiera sea la forma que adopten beban de esa fuente y puedan atravesar estos ríos con confianza y ligereza, que en la oscuridad se mantenga encendida esa vela, que podamos ser honestos en mostrar dónde estamos porque sabemos quienes somos y que si nuestras heridas nos impiden adoptar una forma, podemos adoptar otra porque el amor seguirá vivo y desde ahí podremos cuidarnos con el pensamiento, el sentimiento, la caricia y el abrazo.
El Yugo del Yoga no es un palo rígido, su fuerza no reside en su dureza, es esa sustancia luminosa, firme y flexible, irrompible y balsámica, que nos llevará de la mano a nuestro reencuentro.

 

Fedora Fonseca

Directora y Formadora de HappyYoga

Fotografías de Cecilia Cristolovean de Yoga and Photo

 

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